Todo lo que no decimos con palabras lo terminamos diciendo de tantas otras formas que al final era más fácil unir esas palabras que cualquier otra forma.
Tengo tanto para decirte, tanto que no me dejaste decir en su momento, tanto que no me anime a decirte, tanto que dejamos pasar, que ahora todo eso lo tengo acumulado en noches de insomnio, en broncas, en tristezas.
Preguntarte de una vez por todas ¿Qué mierda querés? Es muy importante para mí incluir agresividad en mis palabras aunque quizás podría estar más tranquila, aunque no lo sienta tan agresivo ¿Por qué siempre volves pero nunca te quedas? O si queres empezamos por el hecho de que siempre volves aunque ni siquiera estén dadas las condiciones ¿Qué pasa? ¿Te volviste a quedar solo? ¿Por qué siempre sos la victima en tus historias? Venis, me tiras tu mochila de cosas y vos te vas, tu vida sigue igual pero ahora el peso también lo tengo que aguantar yo ¿A vos qué te cambia si siempre viviste igual?
¿Querés que te explique porqué te estuvieron pasando todas estas cosas? Todo lo que te pasa tiene una sola respuesta: Preferís el quilombo ajeno, preferis el bardo de otro porque hacerte cargo de tus propios problemas, no, eso si que no estuvo en tu mente nunca. Porque animarte a bancarte tus problemas, eso es un esfuerzo y un paso que vos no vas a dar. Te diste cuenta que si busco a tu yo del pasado, a tu yo de 18 años nadie se daría cuenta que paso el tiempo porque no pudiste avanzar pero tampoco retroceder, mantenes todo casi intocable en tu vida. Los amigos que se van perdiendo, la novia conflictiva, todo eso sigue, todo eso es mejor que tener que asumir lo que te pasa. Y tenes tu propio modus operandi: el conflicto siempre va para los mismos lados y vos sos el que nadie sabe porqué pero siempre cae atado al otro. Justo estabas ahí donde estaba el conflicto pero claro, vos nada que ver a todo, es todo casualidad.
¿Querés qué te recuerde cómo te rogaba para que hablaras conmigo? Estoy segura que te acordas perfectamente como lloraba, como no te vas a acordar si lloraba todo el tiempo, para que me puedas contar que era lo que te pasaba y no me respondas: nada, tengo mambos.
Hiciste que no tuviera palabras, hiciste que no tuviera tiempos y lo peor que hiciste fue abandonarme cuando más lo necesitaba más de una vez.
Yo no se mucho sobre los vínculos pero si se algo que aprendí: no se deja a nadie cuando más lo necesitas porque eso hace que rompa todas las partes que tiene uno. Adentro queda todo roto y perdido. Y eso es lo único de lo que hay que pedir un ida y vuelta. Rompiste todo, lo destruiste. Ojala te quede de ejemplo, ojala te acuerdes que si estuve ahí a pesar de todas las cosas que rompiste y de todas las veces que no estuviste.
Yo se que no te podes cuidar a vos mucho menos a alguien más pero, bueno acá viene la parte complicada, si ya sabes de antemano que no podes hacerlo no asumas esa responsabilidad. Asumir. Yo tengo tatuado soltar, vos podrías tatuarte asumir, creo que sería una gran palabra para vos. Las palabra nos van identificando.
Te perdoné que cambiaras lo nuestro por algo que no llegaba a nada, que dejame explicarte como fue: los primeros tres días habrán sido los mejores de tu vida porque claro, venías de tus mambos pero después todo se empezó a tornar raro, extraño y todo lo que hacías tenia su cuota de culpa. Ya habías ilusionado a otra más. Hasta que explotabas porque a vos todo te explota. Y claro que no ibas a asumir que lo mejor era ver qué te pasaba, todo sigue su curso. El show debe continuar.
Ojala tu show siga y te dure, ojalá cambies el argumento y quizás los actores. Ojala lo puedas asumir.
martes, 28 de julio de 2015
sábado, 4 de julio de 2015
Historias de Amor
Juan Cruz era ese chico que sabía que tenia las palabras justas para cada chica. Era lindo, era simpático y lo más importante era que con él no existían esos silencios incómodos. Cada chica que aparecía lo primero que hacía era mirar a Juan Cruz. Todas se sentían bien cuando contaban que él les hablaba, casi era un trofeo el hecho de solo haber intercambiado un par de palabras, por mas superficial que era el tema. Josefina conoció a Juan Cruz por esas cosas de los amigos. Resulta que su mejor amiga conocía al primo de un amigo de él y por esas cosas de la vida, un sábado terminaron en una fiesta todos juntos. Para Juan Cruz era alguien nuevo por quién ir. Josefina sólo quería que esa fiesta terminará rápido. Ella no estaba pasando un buen momento aunque ella tampoco podía explicar porqué. Estaba haciendo las cosas por inercia.
Juan Cruz se acerco a ella haciendo esa rutina que hacía cada vez que conocía a alguien. Ella lo miro de arriba a abajo, se río y no le contesto ni una sola de las preguntas. Eso a él lo descoloco, nunca antes había pasado por esa situación. En ella eso no fue un técnica de seducción, de verdad no quería saber nada con nadie. Se siguieron encontrando en más salidas que él minuciosamente empezó a organizar. Ella seguía inmutable a cada acercamiento de él. Insistió, se acercó y logró un beso. Y con eso él ya se sentía bien, muy bien en realidad. Estaba contento, estaba feliz, había logrado que ella le diera un beso. La volvió a llamar para salir, ahora ellos dos. Ella le dijo que no, después que no sabía hasta que accedió. Fueron a dar una vuelta al río, se sentaron en el pasto y dialogaron:
- ¿Qué querés Juan Cruz? - Le pregunto ella con la voz firme.
- Me gustaría estar con vos - Contesto como si en ese momento fuera un nene de 6 años.
- Pero vos no sos de esos que quieren estar con alguien- Ella lo conocía bien.
- No me preguntes el porqué pero eso es lo que quiero con vos.
Después de ese dialogo y entre idas y vueltas, hoy ellos llevan dos años juntos. Ella es, como dicen sus amigas, la que lo cambio. Varias antes de ella lo habían intentado, varias tuvieron ese objetivo y ella sin ni siquiera pensarlo lo había logrado. El se sentía más libre que nunca, Josefina en su vida era esa persona que acompañaba cada paso que el daba, era alguien con quién sabía que podía contar en cualquier momento. Si había algo que Juan Cruz tenía muy claro era que en ningún momento quería perder a Josefina.
Luz, como su nombre lo dice, iluminaba. Ella era espontanea, muchas veces eso fue un beneficio, otras fue un error que le costo remontar. Era volátil, ingeniosa eso a Nicolás lo asustaba, bueno, en realidad a él todo lo asustaba. Él todavía no encontraba su ser, todavía seguía explorando qué era ser. Se conocieron porque el destino así lo decía. A ella le gustaba escribir, él escucho que hacer un taller literario lo iba a ayudar a dejar de temer. Dio miles de vueltas hasta que lo hizo. La primera clase de ese taller fue su comienzo. Dos comienzos en uno.
Era una mesa enorme, había gente de todas las edades, todas menos la de él, al parecer a la juventud no eran cosas que le interesará hacer. La clase estaba por empezar, Nicolás se estaba arrepintiendo de haber empezado. Luz entro corriendo al curso pidiendo disculpas, busco un lugar, lo vio a él, lo vio joven, se sentó al lado de él. El profesor se presento, presento todo lo que podían hacer ahí, le gustaba hablar y sabía que era casi la única clase en donde lo iba a poder hacer, la aprovecho e incluso la termino antes. Todos empezaron a guardar sus cuadernos. Luz miro a Nicolás. Eran los únicos jóvenes.
- Che...¿explico algo antes de qué llegara? - Pregunto Luz.
- Ehm..no...nada...la clase empezó cuando vos llegaste.
- Ah ¡qué bueno! ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Luz.
- Ehm..Nicolás...bah, todos mis amigos me dicen Nico y si me llaman por mi nombre completo lo siento raro.
- A mi si no me llamarán por mi nombre completo sería raro- Quiso hacer un chiste pero él no supo descifrar si era chiste o no, realmente Luz lo encandilaba. Ella siguió hablando- te llamas como mi libro favorito Y un día Nico se fue. Si, ya se- dijo adelantándose a cualquier cuestionamiento- no es un libro que se pueda considerar clásico ni va a pasar pero para mis los mejores libros son esos que los leemos y nos terminan dando una respuesta a eso que nos esta pasando, nos muestran que hay alguien más que paso por lo mismo, no me importa si un gran libro para vos sea Gente Toxica si ese libro te dio la respuesta que necesitabas...Ay! estoy hablando mucho, creo ¿no?
Él solo quería que ella no dejara de hablar, supo que lo único que le importaba era escucharla y verla reírse mientras le contaba todo eso, supo que su risa lo iba a salvar más de una vez, que tenerla en su mente le generaba mucha satisfacción.
Ezequiel tuvo una vida difícil pero más que una vida, unos padres difíciles, no podían aceptar que su camino no era el que ellos había pautado para él. No podían aceptar que él era bueno en otras cosas, que dibujar ya no era para él un hobby, que algo bueno estaba saliendo de él. Nada que saliera de los parámetros de lo que ellos consideraban como lo establecido él podía hacer. Ezequiel se cansó y se fue. Esa liberación produjo un retroceso en todo lo que había logrado hasta ahora, era el momento de tener que bancar las demás responsabilidades. Encontró un trabajo al cual no quería entrar pero era lo que había que hacer, como si por un momento sus padres tuviera razón con eso de lo establecido. Empezó a trabajar, se empezó a acomodar y hay algo sobre la vida que dice que si uno empieza a hacer bien lo que tiene que hacer también le llegan buenas cosas. A él le llego una buena persona: Julieta. Ella era todo lo contrario a él, ella no tenía muchas preocupaciones más que meter las materias para seguir lo que los padres había pautado para ella: Administración de Empresas, carrera que ella eligió porque la convencieron que era buena con los números y que gracias a ellos podía conseguir más de un trabajo interesante. La independencia económica era algo que ella le importaba, y mucho.
No había nada que los pudiera unir, sin embargo las casualidades o causalidades empezaron a actuar. Su mejor amiga, era la hija del jefe de Ezequiel, ella también trabajaba ahí. Julieta la fue a visitar, entre facultad y el trabajo de su amiga, cada vez se veían menos, pensó que era una buena oportunidad salir de la facultad para pasarla a buscar a almorzar. Su amiga estaba en la oficina con Ezequiel, hubo un problema con la liquidación de sueldo, ella era la encargada de Recursos Humanos. Julieta entro y se sorprendió al verlo a él, su amiga le dijo que se quedará que arreglaba algo y ya salían. Ella entró lo saludo a él con un saludo un poco incomodo y paso del otro lado del escritorio para darle un beso a su amiga mientras ella le preguntaba sobre su vida, casi como si Ezequiel no estuviera ahí, ella empezó a contarle que tenia una idea sobre un mural que tenia ganas de hacer en su cuarto. Justo ese tema saco, justo adelante de Ezequiel, justo ese tema se le ocurrió a Julieta sacar aunque había miles. Causalidad quiero llamarlo yo. Él no pensó mucho, quería hacer un mural, hace mucho que había dejado de dibujar además un ingreso extra no le vendría nada mal. Le comento sin ningún tipo de vergüenza a Julieta lo que él sabía hacer. Ella al principio dudo. Entre arreglos, diseños y algunas charlas que excedían lo laboral. Ese sábado Ezequiel fue a hacer el mural. Ya se tenían confianza y no había pasado más de un par de días.
- Creo que podrías pintar de este color mejor- Le sugirió ella.
- ¿Cuál? ¿Este?- Pregunto él y le pinto la nariz con pintura.
Se corrieron por toda la habitación, ese pequeño ambiente pareció gigante en ese momento. No tardaron mucho en darse su primer beso.
Hoy ellos dos llevan varios años juntos. Él supo que había más de una forma de poder hacer lo que quería y empezó a dar clases de dibujo, vender algunos cuadros y tener algunos murales por hacer. Ella supo que los números no eran algo para ella, decidió dejar de estudiar lo que produjo en su familia un gran revuelo. Sabía que lo suyo era escribir, empezó a escribir, empezó a leer mucho y semanalmente saca artículos en una revista cultural. Trabajan en conjunto entre los dibujos y la escritura. Decidieron irse de viaje sin día de vuelta, con ganas de conocer, creen que la mejor enseñanza viene de los viajes. Yo no creo que estén equivocados.
Juan Cruz se acerco a ella haciendo esa rutina que hacía cada vez que conocía a alguien. Ella lo miro de arriba a abajo, se río y no le contesto ni una sola de las preguntas. Eso a él lo descoloco, nunca antes había pasado por esa situación. En ella eso no fue un técnica de seducción, de verdad no quería saber nada con nadie. Se siguieron encontrando en más salidas que él minuciosamente empezó a organizar. Ella seguía inmutable a cada acercamiento de él. Insistió, se acercó y logró un beso. Y con eso él ya se sentía bien, muy bien en realidad. Estaba contento, estaba feliz, había logrado que ella le diera un beso. La volvió a llamar para salir, ahora ellos dos. Ella le dijo que no, después que no sabía hasta que accedió. Fueron a dar una vuelta al río, se sentaron en el pasto y dialogaron:
- ¿Qué querés Juan Cruz? - Le pregunto ella con la voz firme.
- Me gustaría estar con vos - Contesto como si en ese momento fuera un nene de 6 años.
- Pero vos no sos de esos que quieren estar con alguien- Ella lo conocía bien.
- No me preguntes el porqué pero eso es lo que quiero con vos.
Después de ese dialogo y entre idas y vueltas, hoy ellos llevan dos años juntos. Ella es, como dicen sus amigas, la que lo cambio. Varias antes de ella lo habían intentado, varias tuvieron ese objetivo y ella sin ni siquiera pensarlo lo había logrado. El se sentía más libre que nunca, Josefina en su vida era esa persona que acompañaba cada paso que el daba, era alguien con quién sabía que podía contar en cualquier momento. Si había algo que Juan Cruz tenía muy claro era que en ningún momento quería perder a Josefina.
Luz, como su nombre lo dice, iluminaba. Ella era espontanea, muchas veces eso fue un beneficio, otras fue un error que le costo remontar. Era volátil, ingeniosa eso a Nicolás lo asustaba, bueno, en realidad a él todo lo asustaba. Él todavía no encontraba su ser, todavía seguía explorando qué era ser. Se conocieron porque el destino así lo decía. A ella le gustaba escribir, él escucho que hacer un taller literario lo iba a ayudar a dejar de temer. Dio miles de vueltas hasta que lo hizo. La primera clase de ese taller fue su comienzo. Dos comienzos en uno.
Era una mesa enorme, había gente de todas las edades, todas menos la de él, al parecer a la juventud no eran cosas que le interesará hacer. La clase estaba por empezar, Nicolás se estaba arrepintiendo de haber empezado. Luz entro corriendo al curso pidiendo disculpas, busco un lugar, lo vio a él, lo vio joven, se sentó al lado de él. El profesor se presento, presento todo lo que podían hacer ahí, le gustaba hablar y sabía que era casi la única clase en donde lo iba a poder hacer, la aprovecho e incluso la termino antes. Todos empezaron a guardar sus cuadernos. Luz miro a Nicolás. Eran los únicos jóvenes.
- Che...¿explico algo antes de qué llegara? - Pregunto Luz.
- Ehm..no...nada...la clase empezó cuando vos llegaste.
- Ah ¡qué bueno! ¿Cómo te llamas? Yo me llamo Luz.
- Ehm..Nicolás...bah, todos mis amigos me dicen Nico y si me llaman por mi nombre completo lo siento raro.
- A mi si no me llamarán por mi nombre completo sería raro- Quiso hacer un chiste pero él no supo descifrar si era chiste o no, realmente Luz lo encandilaba. Ella siguió hablando- te llamas como mi libro favorito Y un día Nico se fue. Si, ya se- dijo adelantándose a cualquier cuestionamiento- no es un libro que se pueda considerar clásico ni va a pasar pero para mis los mejores libros son esos que los leemos y nos terminan dando una respuesta a eso que nos esta pasando, nos muestran que hay alguien más que paso por lo mismo, no me importa si un gran libro para vos sea Gente Toxica si ese libro te dio la respuesta que necesitabas...Ay! estoy hablando mucho, creo ¿no?
Él solo quería que ella no dejara de hablar, supo que lo único que le importaba era escucharla y verla reírse mientras le contaba todo eso, supo que su risa lo iba a salvar más de una vez, que tenerla en su mente le generaba mucha satisfacción.
Ezequiel tuvo una vida difícil pero más que una vida, unos padres difíciles, no podían aceptar que su camino no era el que ellos había pautado para él. No podían aceptar que él era bueno en otras cosas, que dibujar ya no era para él un hobby, que algo bueno estaba saliendo de él. Nada que saliera de los parámetros de lo que ellos consideraban como lo establecido él podía hacer. Ezequiel se cansó y se fue. Esa liberación produjo un retroceso en todo lo que había logrado hasta ahora, era el momento de tener que bancar las demás responsabilidades. Encontró un trabajo al cual no quería entrar pero era lo que había que hacer, como si por un momento sus padres tuviera razón con eso de lo establecido. Empezó a trabajar, se empezó a acomodar y hay algo sobre la vida que dice que si uno empieza a hacer bien lo que tiene que hacer también le llegan buenas cosas. A él le llego una buena persona: Julieta. Ella era todo lo contrario a él, ella no tenía muchas preocupaciones más que meter las materias para seguir lo que los padres había pautado para ella: Administración de Empresas, carrera que ella eligió porque la convencieron que era buena con los números y que gracias a ellos podía conseguir más de un trabajo interesante. La independencia económica era algo que ella le importaba, y mucho.
No había nada que los pudiera unir, sin embargo las casualidades o causalidades empezaron a actuar. Su mejor amiga, era la hija del jefe de Ezequiel, ella también trabajaba ahí. Julieta la fue a visitar, entre facultad y el trabajo de su amiga, cada vez se veían menos, pensó que era una buena oportunidad salir de la facultad para pasarla a buscar a almorzar. Su amiga estaba en la oficina con Ezequiel, hubo un problema con la liquidación de sueldo, ella era la encargada de Recursos Humanos. Julieta entro y se sorprendió al verlo a él, su amiga le dijo que se quedará que arreglaba algo y ya salían. Ella entró lo saludo a él con un saludo un poco incomodo y paso del otro lado del escritorio para darle un beso a su amiga mientras ella le preguntaba sobre su vida, casi como si Ezequiel no estuviera ahí, ella empezó a contarle que tenia una idea sobre un mural que tenia ganas de hacer en su cuarto. Justo ese tema saco, justo adelante de Ezequiel, justo ese tema se le ocurrió a Julieta sacar aunque había miles. Causalidad quiero llamarlo yo. Él no pensó mucho, quería hacer un mural, hace mucho que había dejado de dibujar además un ingreso extra no le vendría nada mal. Le comento sin ningún tipo de vergüenza a Julieta lo que él sabía hacer. Ella al principio dudo. Entre arreglos, diseños y algunas charlas que excedían lo laboral. Ese sábado Ezequiel fue a hacer el mural. Ya se tenían confianza y no había pasado más de un par de días.
- Creo que podrías pintar de este color mejor- Le sugirió ella.
- ¿Cuál? ¿Este?- Pregunto él y le pinto la nariz con pintura.
Se corrieron por toda la habitación, ese pequeño ambiente pareció gigante en ese momento. No tardaron mucho en darse su primer beso.
Hoy ellos dos llevan varios años juntos. Él supo que había más de una forma de poder hacer lo que quería y empezó a dar clases de dibujo, vender algunos cuadros y tener algunos murales por hacer. Ella supo que los números no eran algo para ella, decidió dejar de estudiar lo que produjo en su familia un gran revuelo. Sabía que lo suyo era escribir, empezó a escribir, empezó a leer mucho y semanalmente saca artículos en una revista cultural. Trabajan en conjunto entre los dibujos y la escritura. Decidieron irse de viaje sin día de vuelta, con ganas de conocer, creen que la mejor enseñanza viene de los viajes. Yo no creo que estén equivocados.
miércoles, 24 de junio de 2015
Siempre es hoy.
Me gustaría que me veas reír por cualquier cosa. Me gustaría que me veas llorar por cualquier cosa sin que eso me de (ni te de) vergüenza. Me gustaría que me veas tener un mal día y que no busques darme respuestas que después me voy a olvidar, solo quiero que me abraces. Me gustaría que me veas encapricharme como una nena de seis años pero que eso no te aleje. Me gustaría que te sorprendas por mis actitudes maduras. Me gustaría que me veas putear y que te rías porque lo que dije no tiene sentido. Me gustaría que me preguntes y repreguntes porqué mi personaje favorito de Friends es Ross (no te preocupes, nadie lo entiende) Me gustaría que te importe mi opinión. Me gustaría que podamos debatir sobre cualquier tema. Me gustaría que compartamos salidas, conocer tus gustos aunque no sean parecidos a los míos pero compartirlos porque pintó porque nos importa compartir tiempo juntos, porque nos importa que nos quede la anécdota para después. Me gustaría que me veas quejarme de la facultad pero viendo como no falto ningún día. Me gustaría que entiendas mi mal humor a la mañana y lo mucho que me va a gustar que nos quedemos dormidos en el sillón a la hora de la siesta. Me gustaría que hagas el esfuerzo de dejarme pasarte un tema de Tan Biónica y que lo escuchemos mientras viajemos. Me gustaría que viajemos mucho, a lugares pequeños, grandes, lejos; no importa mientras sea con vos. Me gustaría sentirme segura caminando al lado tuyo, que no importe que sean las tres de la mañana y estemos en José León Suarez, me gustaría sentir que nada me va a pasar porque estoy al lado tuyo. Me gustaría que te encante merendar tanto como me gusta a mí. Me gustaría que te sorprenda que nunca me pierda en capital. Me gustaría que entiendas que odio a los gatos. Me gustaría sentirme orgullosa de vos. Me gustaría que me digas cosas lindas antes de ir a dormir. Me gustaría que seas esa persona que marca el antes y el después en alguien, ese pseudo cristo que todos tenemos en nuestra vida. Me gustaría conocerte (aún más) me gustaría que me conozcas y que te quedes para siempre. Me gustaría que sepas que siempre es hoy.
sábado, 20 de junio de 2015
Es tan frágil depender de todos.
Es difícil poder darle una significación a la muerte, por lo menos para mi, en todos los casos, la muerte vino con una justificación, ese algo que me dejo un milímetro más tranquila, eso que me dijo que ya no se podía hacer más nada. Siempre la muerte se me llevo a las personas después de una enfermedad, después de creer que eso por lo que estaban pasando no es vida. Incluso pude entender que la soledad fue una enfermedad para una de esas personas. Quizás tengo un pensamiento que se acerca a un témpano sobre este tema, quizás tener algo que se acerque a una respuesta me hizo poder tomar distancia sobre esto, pude más de una vez pensarlo en frío. Esta distancia me permitió poder despedir a los que se fueron de una sola vez, dejarlos ir, siempre creí que atarlos a este mundo en donde ellos ya no podía estar, ya no querían no me llevaba a nada. Si puedo colaborar dejándolos ir, yo quiero hacerlo.
Esa distancia que yo genere con respecto a la muerte me hizo creer que la mía no era importante, sólo un pequeño encuentro con ella, nada de importancia. Tuve dos momentos en mi vida en donde la muerte se hizo presente, una fue involuntaria, caí en una pileta de dos metros de profundidad, tenia tres años y correr por el borde de esa pileta me parecía un juego ¿divertido? resbale y caí ¿O ya desde esos años de mi vida quería conocer que era eso "de morir"? Tuve mi primer salvación. Mi tía preocupada porque no me encontraba me vio caer y sin saber nadar, vale aclarar la valentía que supo tener, se tiro a la pileta a rescatarme. Salí un poco ahogada, un poco azul pero salí bien y al rato volví a jugar como si nada hubiera pasado. Mi otro momento fue voluntario.
Siempre intenté poner en palabras como fue ese momento voluntario en mi vida pero nunca pude, ni siquiera a la hora de hablarlo puedo decirlo con las palabras que a mi me gustarían. Pareciera que le doy muy poca importancia pero en la realidad no es así, en la realidad siempre encuentro las palabras que quiero decir cuando ya nadie quiere escuchar.
Ahora que ya pasaron años siento que de alguna forma fui a desafiarla a ella. Ir y decirle: vos no me estás buscando pero yo igual te voy a encontrar. No se bien porque quería encontrarla ni siquiera estoy segura de verdad querer hacerlo. Siempre dije: yo sólo quería frenar las cosas. Y buena forma que se me ocurrió eh. Aunque tenia ese sentimiento que me distanciaba de sentir algo por la muerte, tuve miedo y pedí que me salvaran. En definitiva, gana ella. En todas sus formas.
Tuve mi segunda salvación. Y otra vez vuelvo a rescatar la valentía de una persona. Porque pudo quedarse paralizado, pudo no creerme y quizás hoy no podría estar contando mi historia y lo más importante, pudo haberse ido y no lo hizo. Hizo todo lo necesario para que yo pudiera, después de tanto tiempo, sacar una enseñanza de todo lo vivido. Eso hace que, pase lo que pase, se genere una conexión especial y no importa todo lo que pase, no importa todo lo que dejes pasar, esa conexión especial hace que si, que si podes ayudar, ahí vas a estar, haciendo vista ciega a todo.
¿Qué podría decir después de haber pasado por todo esto? Que de los dolores más profundos se puede resurgir, que como dice Cerati: Del mismo dolor vendrá un nuevo amanecer ¡Y claro que sí! Lo importante es tener siempre en mente que no hay nada que nos pueda por terminar de derrumbar. Y que, aunque parece el cliché mas grande que se pudo inventar, cuanto más caemos más notamos cuando empezamos a subir. Si empezamos a contar con nosotros mismos antes que con los demás, los demás nos empiezan a dar esa mano que nos da el empujoncito para seguir.
No es fácil, lo se, lo viví. Y hay un dolor que me va acompañar por un buen tiempo. Por mucho tiempo le mostré a esa segunda salvación alguien que ni yo sabía quién era, ahora a la distancia me desconozco. Los cambios llevan su tiempo y en mi etapa de transición yo fui muchas personas hasta poder encontrarme con esa, que es la que soy ahora, que me gusta ser.
También siento que me salve yo, que decidí yo. Todo ese dolor hoy me hizo más fuerte ¿Qué número de cliché es esta frase? Hoy siento que tengo la fortaleza de poder estar acompañando a aquellos que lo necesiten sin desbordarme. Me siento fuerte como para acompañar y si caen, dejarlos caer, pero quedándome al lado, acostados en el mismo lugar hasta que el otro decida volver a empezar. Me siento fuerte para decir: Caíste pero yo me voy a quedar al lado tuyo, esperando el momento que vos quieras para volver a subir. Porque si algo aprendí es que cada uno tiene su propio tiempo y por más que queramos acelerar a mil, siempre pero siempre hay que respetar el tiempo del otro. Lo mejor que podemos hacer es no convertirlo en un tiempo muerto (linda forma de llamar a ese tiempo se me ocurrió) y poder llenarlo, de a poco, pero esperando a que el otro este seguro. Quizás se pierde pero se gana más de lo que se perdió. Y con este último cliché cierro esto.
Esa distancia que yo genere con respecto a la muerte me hizo creer que la mía no era importante, sólo un pequeño encuentro con ella, nada de importancia. Tuve dos momentos en mi vida en donde la muerte se hizo presente, una fue involuntaria, caí en una pileta de dos metros de profundidad, tenia tres años y correr por el borde de esa pileta me parecía un juego ¿divertido? resbale y caí ¿O ya desde esos años de mi vida quería conocer que era eso "de morir"? Tuve mi primer salvación. Mi tía preocupada porque no me encontraba me vio caer y sin saber nadar, vale aclarar la valentía que supo tener, se tiro a la pileta a rescatarme. Salí un poco ahogada, un poco azul pero salí bien y al rato volví a jugar como si nada hubiera pasado. Mi otro momento fue voluntario.
Siempre intenté poner en palabras como fue ese momento voluntario en mi vida pero nunca pude, ni siquiera a la hora de hablarlo puedo decirlo con las palabras que a mi me gustarían. Pareciera que le doy muy poca importancia pero en la realidad no es así, en la realidad siempre encuentro las palabras que quiero decir cuando ya nadie quiere escuchar.
Ahora que ya pasaron años siento que de alguna forma fui a desafiarla a ella. Ir y decirle: vos no me estás buscando pero yo igual te voy a encontrar. No se bien porque quería encontrarla ni siquiera estoy segura de verdad querer hacerlo. Siempre dije: yo sólo quería frenar las cosas. Y buena forma que se me ocurrió eh. Aunque tenia ese sentimiento que me distanciaba de sentir algo por la muerte, tuve miedo y pedí que me salvaran. En definitiva, gana ella. En todas sus formas.
Tuve mi segunda salvación. Y otra vez vuelvo a rescatar la valentía de una persona. Porque pudo quedarse paralizado, pudo no creerme y quizás hoy no podría estar contando mi historia y lo más importante, pudo haberse ido y no lo hizo. Hizo todo lo necesario para que yo pudiera, después de tanto tiempo, sacar una enseñanza de todo lo vivido. Eso hace que, pase lo que pase, se genere una conexión especial y no importa todo lo que pase, no importa todo lo que dejes pasar, esa conexión especial hace que si, que si podes ayudar, ahí vas a estar, haciendo vista ciega a todo.
¿Qué podría decir después de haber pasado por todo esto? Que de los dolores más profundos se puede resurgir, que como dice Cerati: Del mismo dolor vendrá un nuevo amanecer ¡Y claro que sí! Lo importante es tener siempre en mente que no hay nada que nos pueda por terminar de derrumbar. Y que, aunque parece el cliché mas grande que se pudo inventar, cuanto más caemos más notamos cuando empezamos a subir. Si empezamos a contar con nosotros mismos antes que con los demás, los demás nos empiezan a dar esa mano que nos da el empujoncito para seguir.
No es fácil, lo se, lo viví. Y hay un dolor que me va acompañar por un buen tiempo. Por mucho tiempo le mostré a esa segunda salvación alguien que ni yo sabía quién era, ahora a la distancia me desconozco. Los cambios llevan su tiempo y en mi etapa de transición yo fui muchas personas hasta poder encontrarme con esa, que es la que soy ahora, que me gusta ser.
También siento que me salve yo, que decidí yo. Todo ese dolor hoy me hizo más fuerte ¿Qué número de cliché es esta frase? Hoy siento que tengo la fortaleza de poder estar acompañando a aquellos que lo necesiten sin desbordarme. Me siento fuerte como para acompañar y si caen, dejarlos caer, pero quedándome al lado, acostados en el mismo lugar hasta que el otro decida volver a empezar. Me siento fuerte para decir: Caíste pero yo me voy a quedar al lado tuyo, esperando el momento que vos quieras para volver a subir. Porque si algo aprendí es que cada uno tiene su propio tiempo y por más que queramos acelerar a mil, siempre pero siempre hay que respetar el tiempo del otro. Lo mejor que podemos hacer es no convertirlo en un tiempo muerto (linda forma de llamar a ese tiempo se me ocurrió) y poder llenarlo, de a poco, pero esperando a que el otro este seguro. Quizás se pierde pero se gana más de lo que se perdió. Y con este último cliché cierro esto.
lunes, 15 de junio de 2015
3 a.m
Son las tres de la mañana y me acorde de vos. Son las tres de la mañana y las fotocopias que tengo que leer parecen multiplicarse. Son las tres de la mañana y cómo era ese tema que me hiciste escuchar antes que empezará todo esto, decía algo así: no hay manera de quedarse en la cama cuando el corazón te llama a las tres de la mañana. Creo que siempre me voy a acordar de vos a las tres de la mañana ¿Te acordas de ese día que corrimos abajo de la lluvia después del recital? Te agarre de la mano aunque no tenía que hacerlo pero yo ya sabía que agarrarte de la mano me iba a salvar más de una vez. Después de correr, fuimos a mi casa, comimos, reímos y te fuiste a las tres de la mañana ¿Te acordas de nuestro primer beso? En mi imaginación te veo diciéndome si con la cara ¿Falta decir que te fuiste a las tres de la mañana? ¿Y ese día que nos quedamos dormidos sin querer producto de una gripe para mí y un día larguísimo de trabajo para vos? Tengo que confesar que yo me había despertado un rato antes que vos, quería mirarte dormir o quizás quería esperar a que sean las tres de la mañana porque claro, fue a esa hora a la que te fuiste.
Ese día que discutimos en la esquina de mi casa, no puedo acordarme que hacíamos discutiendo en ese lugar, qué lo había originado pero si me acuerdo mirar la hora y pensar en qué momento habíamos llegado a ese punto del no poder volver atrás, en qué momento se había desencadenado todo eso, cuál fue la palabra exacta que nos hizo no poder frenar el tiempo. La hora en que pensé eso, claro, fueron las tres de la mañana.
¿Cuántas personas habrán vivido con tanta intensidad a esa hora de la madrugada? ¿Será qué es nuestra hora, nuestra porción de tiempo que va a quedar para la eternidad? Quizás si, eso solo quedo de nosotros, un número, un momento del día pero lo voy a atesorar porque para mi es mucho mejor que nada.
Ese día que discutimos en la esquina de mi casa, no puedo acordarme que hacíamos discutiendo en ese lugar, qué lo había originado pero si me acuerdo mirar la hora y pensar en qué momento habíamos llegado a ese punto del no poder volver atrás, en qué momento se había desencadenado todo eso, cuál fue la palabra exacta que nos hizo no poder frenar el tiempo. La hora en que pensé eso, claro, fueron las tres de la mañana.
¿Cuántas personas habrán vivido con tanta intensidad a esa hora de la madrugada? ¿Será qué es nuestra hora, nuestra porción de tiempo que va a quedar para la eternidad? Quizás si, eso solo quedo de nosotros, un número, un momento del día pero lo voy a atesorar porque para mi es mucho mejor que nada.
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